
De verdad que me sorprendió mucho esta noticia, pero lo que más me ha sorprendido es que nuestros representantes sacaban pecho de esto. La situación en sí es esperpéntica a más no poder: unos chavales que vienen de fuera, a conocer nuestra cultura, nuestra lengua, nuestra historia, nuestra sociedad...
¡y el ayuntamiento les manda a limpiar el rio!.
Imaginémonos lo absurdo de la posible conversación del Jonathan de turno, cuando vuelva a su casa de Wisconsin, y su padre Georges le pregunte:
- ¿Qué tal en Mérida hijo?
- Bien papá, nos llevaron por la mañana a limpiar un rio que estaba muy sucio, recogimos 700 kilos de desperdicios, y luego por la tarde nos llevaron un rato a ver el Teatro Romano.
Absurdo a más no poder.
Considero que sería mucho más útil montar un campamento urbano, o unas brigadas de limpieza voluntaria para que los emeritenses limpiasen lo que ensucian. Esto tendría dos beneficios directos; una labor de concienciación para que la gente sea consciente de que lo que tú ensucias lo tienes que limpiar tú, y evitar que Jonathan se vaya pensando que ha venido a un país supuestamente desarrollado a limpiar lo que otros ensucian.
2 comentarios:
Publicar un comentario