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miércoles, 7 de julio de 2010

No permitamos que descarrile la huelga del metro

Aunque parezca mentira, hay gente que piensa que en el Metro hay camareros ofreciendo canapés a los usuarios, y que éstos se desplazan pisando una cómoda y mullida alfombra roja. Estas personas son los políticos que sólo bajan al metro a inaugurar las estaciones y a comerse los canapés que contratan con el dinero que luego quieren escamotear a quienes cada día hacen que el Metro funcione. También piensan tal cosa los magnates del periodismo patrio, que habitualmente viajan en taxi, y no saben que cuando ellos salen del suburbano, los torniquetes empiezan a funcionar, se cobra por entrar, y los camareros que un rato antes ofrecían canapés se transforman en viajeros agobiados por llegar a sus puestos de trabajo o a sus obligaciones cotidianas…

Los trabajadores y las trabajadoras del metro, en lucha por defender sus salarios, pero en lucha también, y quizás sobre todo por defender principios básicos de la democracia como la negociación colectiva, el derecho a la huelga y el propio principio de legalidad y seguridad jurídica, están siendo objeto estos días de una campaña tan poderosa como miserable en su contra, capitaneada por la Comunidad de Madrid que es patrón, juez y parte en esta batalla, y que cuenta con el apoyo del PP y del Gobierno de la Nación.

A este frente político-institucional se suma el conjunto de periódicos, radios y televisiones, tanto públicas como privadas, que ejecutan con gusto –como es habitual- una campaña de linchamiento social que tiene un claro tufo antisindical, e incluso antiobrero.

Pero los trabajadores y las trabajadoras del metro no están solos. Quienes nunca montan en metro tratan de ganarles el pulso, pero los usuarios y las usuarias del metro sabemos que aquello por lo que están luchando nuestros compañeros y compañeras es lo mismo por lo que quizás mañana tengamos que luchar nosotros y nosotras.

Quienes habitualmente viajamos en metro estamos con ellos, y queremos hacer uso de nuestros medios para hacérselo saber a nuestros compañeros y compañeras del metro, y para tratar de que el resto de usuarios de este medio de transporte comprenda que los responsables de las perjuicios que la huelga pueda causar no son los trabajadores, sino sino sus patronos, los políticos que atacan sus condiciones de trabajo y sus herramientas para defenderlas.

Quieren que la huelga descarrile en la hostilidad de los usuarios. No lo permitamos.

A continuación una selección de lo que la bolgosfera ha publicado en apoyo a la huelga del Metro:

martes, 6 de julio de 2010

Huelga en el metro


Por varios motivos de militancia he tenido en stand by el blog. Hoy retomo con un tema un tanto manido en la rojosfera, pero del que me gustaría comentar alguna cosa.

El gobierno de izquierdas (ja,ja,ja) de ZP aprobó rebajar el sueldo a los empleados públicos varios puntos porcentuales. Al que menos le bajaba un 5%. El resto de administraciones públicas se sumaron al carro, la mayoría (aunque no todas) de manera entusiasta. Esta medida afectaba a los/as trabajadores/as públicos/as, repito.

Pues Esperanza Aguirre y el partido que la sostiene, el PP, decide que aprovechando que el manzanares pasa por encima del metro, también iba a aplicar la medida a los/as trabajadores/as del suburbano.

El metro de Madrid es una empresa (concretamente una Sociedad Anónima) que pertenece a un consorcio compuesto por varios "dueños", entre ellos la comunidad de Madrid y el ayuntamiento de Madrid.

Metro de Madrid tiene trabajadores/as contratados/as, que a diferencia de los/as trabajadores/as públicos (interinos, funcionarios con plaza, personal laboral...) pueden ser despedidos igual que cualquier hijo de vecino. Se puede despedir igual a un trabajador del Telepizza que al de metro.

Según se ha filtrado en la prensa, son trabajadores que no deberían merecer tal adjetivo, ya que son multimillonarios. O algo parecido. O no. Veamos la realidad; el sueldo base es 26.500 euros anuales. Que es un buen sueldo para como están las cosas. Pero claro, en ese sueldo va la responsabilidad de transportar personas, de tal manera que un error profesional (no frenar a tiempo, cerrar las puertas antes de tiempo, no estar atento/a de un incidente que provoque una invasión en las vías...) puede costar una o varias vidas humanas. La historia del metro es la historia de errores que por desgracia han costado vidas. Esa responsabilidad en el trabajo hay que pagarla. Como se le paga a los médicos, ingenieros, o cualquier otra profesión donde se estén jugando vidas humanas.

¿O acaso queremos precarizar la vida de los conductores de metro? ¿Queremos que cobren mil euros y tengan el nivel de rotación de un mileurista? ¿Es lo mismo un reponedor de un centro comercial que un conductor de vagones? ¿queremos conductores experimentados que sepan reaccionar con solvencia ante situaciones peligrosas, o trabajadores que sumen contratos de 6 meses y a los 3 años no vuelvan a aparecer?

Pero independientemente de su sueldo, hay una cuestión de fondo mucho más importante. Los/as trabajadores/as de metro no están en huelga contra los/as usuarios/as. Están en huelga contra la patronal, esto es, contra Esperanza Aguirre y Gallardón.

Aguirre y Gallardón, máximos responsables políticos de la empresa que dirige el metro, firmaron un convenio que ahora quieren romper. Esto es como si alguien se saltase una ley. ¿Cómo alguien que se salta una ley consensuada puede acusar de nada a alguien se salta una ley no consensuada? Con esa caradura se nos presentan las cabezas pensantes del PP. Más o menos es como si le pego a alguien, y después me quejo de que me devuelva el golpe. No estoy de acuerdo con la ley del Talión, pero sí con la legitima defensa.

Yo soy usuario de metro y me veo afectado. Los días de la huelga de verdad - no la de chichinabo del 50% de servicios mínimos - me tuve que ir andando al trabajo. Para ello me tuve que levantar media hora antes. No me quejé. Probablemente porque no me tengo que recorrer media comunidad autónoma para ir a mi trabajo. Pero me da igual. Conozco gente que le tocó comerse horas de atasco, que se tuvo que organizar de otra manera, que le quitó horas al sueño o a la familia...y no se quejó. No se quejaban, porque antes que usuarios son trabajadores/as, y como tal, se solidarizan con los/as trabajadores que organizan su respuesta ante la agresión empresarial.

El objetivo de la huelga es sentar a la patronal a negociar. La patronal nunca quiere negociar, siempre quiere imponer. Ese es el quid de la cuestión en este tema.

Al parecer metro de madrid, o Esperanza Aguirre, como prefieran, pretendía ahorrarse 8 millones de euros con esta rebaja salarial. Al parecer se ha dado a conocer que la misma empresa, Esperanza Aguirre, que pretendía ahorrarse esa cantidad, se gasta en publicidad 10 millones de euros al año.

Es más, según se ha filtrado a la prensa, cada día de huelga cuesta algo más de 3 millones de euros. Este dato, por cierto, nadie sabe de donde sale. Puede ser verdad o no. Pero tomándolo por cierto, ahora mismo metro ha perdido más dinero en lo que llevamos de huelga que lo que pretendía ahorrarse.

Alguien serio, que de verdad pretende ahorrarse esa cantidad, no habría actuado como lo ha hecho la empresa que gestiona metro.

Entonces, si el dinero no es lo que importa ¿de qué va la vaina? Para mí está claro, el objetivo es pegar un puñetazo en la mesa. El objetivo es amedrentar, dejar claro quien manda aquí, que nadie está a salvo a este lado del Misisipi. Que todo el mundo debe pagar su parte del pato. Y si encima alguien se atreve a moverse, se le calumniará, se le desprestigiará y se le enfrentará con sus hermanos/as hasta que le miren mal. Hay que dividir a la clase trabajadora, no vaya a ser que se una. Hay que enfrentar a trabajadores/as y usuarios/as.

Ese es el verdadero objetivo, dejar las cosas claras y dividir.

Por eso nuestra respuesta debe ser igual de clara, solidaridad máxima con los/as trabajadores/as de metro. Una huelga, aunque sea sectorial, sólo sale bien con la implicación de los/as afectados/as y con la solidaridad del resto.

Mi solidaridad la tienen mientras dure lo que consideren que tenga que durar.